LA DESCRIPCIÓN DE UNA EXPERIENCIA: El relato de campo



Para la descripción de una experiencia social o pedagógica podemos servirnos de los aportes de lo que los antropólogos llaman el texto o relato etnográfico[1] que se basa en el cultivo de una orientación crítica y teórica de las prácticas textuales. La escritura etnográfica es un trabajo intelectual, reflexivo, que muestra que existen varias versiones de un mismo texto, que hay diferentes énfasis, diferentes teorías, diferentes audiencias, contrastes, arreglos, estilos literarios, narrativas trágicas, irónicas y de humor, inclusive algunos se acercarán a los relatos de “viajes” o “exploraciones”. Por lo tanto, el autor de una etnografía necesita probar y explorar los valores de las diferentes figuras del discurso calibrando su relevancia con relación al tema que se está tratando, controlando el abanico de connotaciones, alusiones e implicaciones.
La transformación del “campo” en “texto” se consigue parcialmente mediante la construcción narrativa de la vida diaria y del reconocimiento de que en nuestro texto van incluidas implicaciones de carácter ético e ideológico. Por tanto, una descripción etnográfica no es una representación objetiva de la realidad, porque la realidad que el trabajador de campo pretende describir no es una entidad ya dada para su captación, sino que es una entidad que emerge con la observación. El texto que produce el etnógrafo, como consecuencia de su trabajo de campo, no es una copia fiel de la realidad y por ende, el significado no es objetivo, sino más bien compartido y experiencial.[2] Clifford Geertz en su famoso libro “El antropólogo como autor” (1989) busca cuál es la clave del relato etnográfico y nos dice que no es su retórica factual, ni su argumentación teórica, ni su primoroso estilo, si no su capacidad para “convencernos de que lo que dicen es el resultado de haber podido penetrar (o si se prefiere, haber sido penetrados por)  en la experiencia, realmente haber “estado allí”.  Es el diálogo del etnógrafo o de la etnógrafa con sus datos lo que da sentido al texto etnográfico, lo que da sentido al relato de campo es el propio proceso de aprendizaje del autor.
Algunas indicaciones:
El uso de metáforas, símil, analogías y otras figuras no afecta al valor científico de los textos etnográfico, pero se recomienda que no se haga uso abrumador del lenguaje figurativo, porque puede no ser eficaz para ilustrar el tema que pretendemos investigar.
Fragmentación: Toda descripción siempre es parcial
Intertextualidad: Los textos no son autosuficientes, siempre remiten a otros textos.
Traducción. No se puede desatender o ignorar el hecho de la "traducción cultural", presente en toda comprensión de la diferencia y, en consecuencia, en todo texto que se refiera a otra cultura.
Uso de marcos conceptuales “genéricos”: buscar la interrelación entre lo local y lo general, entre lo concreto y lo analítico, lo empírico y lo teórico.
Criterio de la novedad: es importante que el texto demuestre que las ideas existentes han sido desarrolladas, comprobadas, modificadas o ampliadas.
Es necesario poder ir más allá de una crónica de acontecimientos en un lugar concreto y poder aportar un nuevo marco analítico para hacerlo.
Una atención reflexiva a la escritura etnográfica nos lleva a considerar y tener en cuenta las audiencias, los lectores potenciales de los textos etnográficos. Hay muchas audiencias potenciales: colegas investigadores, anfitriones, estudiantes y profesores de ciencias sociales; profesionales y políticos, editores, directores de periódicos, etc., también la amplia audiencia llamada “público en general”. Es imposible trazar muestras etnográficas para interesar a la audiencia potencial al completo. Ningún texto puede cumplir todas las expectativas de todos los lectores.
 la identidad del investigador: desde dónde hablamos, que relación establece el narrador con el texto, con sus datos, con su gente, con su audiencia.
La escritura esta ligada inextricablemente a la lectura. Los etnógrafos escriben, pero su escritura esta marcada por lo que leen. Una de las más importantes disciplinas para el desarrollo del trabajo etnográfico es leer el trabajo de otros etnógrafos o escritores en general, no sólo su contenido sino leer para ejercitar la retórica y formas de escritura empleadas por otros.
La descripción de una experiencia generalmente sigue un ordenamiento cronológico. Se trata de una descripción, lo más detallada y sucinta posible de las acciones ordenadas en el tiempo.
La recomendación de síntesis es una exigencia, por lo que resulta necesario agrupar las acciones en torno a aquellas acciones centrales que suponen o implican otras.
· Anoten algunas palabras que permitan identificar los acontecimientos a narrar para poder diferenciarlos.
· Piensen y escriban un título que represente a cada una de ellas.
· Soliciten a otros/as participantes o no de la experiencia, que planteen preguntas a los títulos que eligieron. El contar resulta ser un estímulo para el recuerdo. En realidad, recordamos fragmentos, grandes rasgos de lo que vivimos y, al darnos tiempo para conversar, los vamos rellenando y completando su sentido. Pensar en los recuerdos presentes puede evocar al mismo tiempo “los silencios y los olvidos” de la experiencia vivida que, en muchas ocasiones, nos hablan en voz alta aunque no los escuchamos.
· Lo que hace que una sucesión de acciones y acontecimientos se transforme en un relato es la trama narrativa. En ella, la sucesión cronológica de las acciones se manifiesta a través de un encadenamiento coherente que integra el sentido de lo que se dice.
·  Escriban y describan todos los eventos y acontecimientos que sucedieron. Es importante detenerse tanto en los episodios estimulantes y positivos como en los negativos (por ejemplo, en las dificultades que encontraron en el desarrollo de la experiencia).
·  Los cuestionamientos: Complementen a lo producido según el punto anterior mediante escrituras de tono reflexivo, con todas aquellas preguntas que van interrogando lo que pasó y lo que le pasó y le está pasando al autor protagonista de la experiencia.
·  Las interpretaciones: Los relatos de experiencias no sólo tratan de hechos, percepciones o ideas; sino de hechos, percepciones o ideas desde la perspectiva de alguien dicho para alguien. Complementen lo producido según los puntos anteriores con sus propios puntos de vista e interpretaciones sobre lo que ocurrió y les ocurrió en el despliegue de la experiencia.
·  Relaten las acciones en el orden que sucedieron, o quiebren el orden cronológico y propongan un ordenamiento particular que enfatice o destaque determinado momento, aunque no haya ocurrido primero. Utilicen durante el relato dos tiempos verbales: el presente y el pretérito. En efecto, con el tiempo presente se hace referencia al momento en el que se escribe y recuerda; con el pretérito, al momento del pasado en que transcurrieron los hechos o las acciones que se cuentan (pretérito imperfecto, pretérito perfecto simple, pretérito pluscuamperfecto).
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[1] http://antropologia-online.blogspot.com.ar/
[2] Sergio Poblete. La Descripción Etnográfica. De la representación a la ficción Universidad de Chile

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